Escalera de metal
13 enero, 2012
Los pasos de muchos resonaban con cada escalón subido y la escalera de caracol se elevaba en extremo. Era una tarde de la que podía esperarse lluvia y relámpagos. Las nubes disputaban espacio en el cielo. Luego supe que el propósito de subir escaleras era la instalación de unos aparatos; no recuerdo para qué servían pero debían estar muy altos. Miré a través de uno de ellos y me maravillé de la precisión con que lo alinearon hacia otro muy lejano. Hice saber a los demás que me era asombrosa la técnica utilizada. En ese momento volví a advertir el cielo; amenazaba con soltar descargas potentísimas mientras nosotros, en ese pararrayos accidental, nos solazábamos colocando juguetes. En la tierra vi cómo un rayo no desde la altura, sino intestino que se produjo en las rocas, la hierba y la humedad se manifestó como venas luminosas. Temí mucho estar en las escaleras para cuando los relámpagos arreciaran desde el techo del mundo. Pedí bajarnos de las escaleras. Mis súplicas les parecieron razonables.

A mi también me parece razonable. Un abrazo.