Sobre los elementos oníricos
12 Agosto, 2008
Hoy antes de quedarme dormido pensé en una obviedad en la que creo que muy pocos piensan con frecuencia. Cuando alguien sueña con una persona que no es él, y particularmente en el caso en donde ese individuo no se conoce, nunca se ha visto, la expresión de la personalidad es mayor. Me explico: cuando, por ejemplo, en mi sueño El ave y la liebre soñé con tres personas que nunca había visto ni en la tele, ni en un anuncio, ni en ningún lugar; y por alguna razón siento que eran una extensión de mí, como una manera de representar algo mío con distintos actores.
El hombre que se quedó con la mujer que siguió a la liebre, al momento de hablar, yo podía distinguir que las palabras eran emitidas por mí, sin embargo vi que él era quien articulaba y quien interactuaba con mis palabras. La mujer caminaba y yo sentía como si mis piernas fueran las que se movían. A primera vista, al menos en mi caso, piensas que esas “otras” personas tienen cierta autonomía, como si estuvieran aparte de mí, sin embargo ahora me doy cuenta de que es prácticamente imposible que no se sueñe con algo que no sea concienzudamente monitoreado por uno mismo.
Parafraseando a Borges diría que el sueño es como un teatro en donde uno es espectador, actor y escenario. Yo creo que al soñar se hace exactamente eso; y que el sueño (insisto en que puede sonar obvio) es un desdoblamiento de uno mismo.
Consideraciones foráneas
23 Noviembre, 2007
Todo libro tiene algo de nosotros. Por suerte, cuando alguien se acerca verdaderamente a una obra (al arte en general), ya sea un cuento, una novela o un guión, es como exponer el rostro frente a un espejo.
En este caso, en el que no se trata el tema del sueño directamente, no sucede que se abandone el objetivo de este blog; sino que estoy ampliamente interesado en que quien caiga en esta web, encuentre algo de sí: tarea de por sí pretenciosa, pero creo que sincera. Quiero, además, que de vez en vez las narraciones se conviertan en noticia de algún otro suceso, y que por la temática que cobijo pueda llegar a interesar al espectador.
Sucede, pues, que como ¿Con qué sueña el Electrolito? no es un sitio que albergue reseñas de literatura o novelas recientes, no se pensaría que hubiera alguna de ellas en las entradas, sin embargo quiero hablar de un libro que me parece pertinente, además de interesante, que se mencione. La lectura que se me ha convertido la mar de ardua, pero que no deja de parecerme genial, es de un filósofo alemán.
En este punto ruego al lector que al enterarse del nombre del escritor, no deje la lectura en aras de conservar su estabilidad mental.
En su libro El mundo como representación y voluntad, Arthur Schopenhauer maneja una exposición de lo que constituye su sistema filosófico, impregnado de influencias budistas, y que representa una concepción de corte idealista sobre el mundo y la realidad.
Una parte, al inicio de su exposición, que parece más un apartado que un elemento fundamental para cohesionar su sistema, está dedicada a la valoración de los sueños. Estas líneas, o sea una cuartilla y media, las había leído hace unas semanas, y con intenciones fogueantes me debatí unos días si era o no pertinente subirlas aquí. “No tienen cabida en el blog” o “a nadie le va a interesar” fueron algunos argumentos en contra, pero creo que he cambiado de opinión y las citaré.
Arthur Schopenhauer escribe sobre los sueños:
[...] ¿Hay algún criterio fiable para diferenciar entre sueño y realidad, entre fantasmas y objetos reales? Pretender que la intuición* soñada tiene menor vivacidad y claridad que la intuición real no merece atención alguna, pues todavía no hay nadie que las haya tenido juntas a las dos para compararlas, sino que sólo puede compararse el recuerdo del sueño con la realidad presente. Kant solucionaba así la cuestión: “La conexión de las representaciones entre sí conforme a la ley de causalidad diferencia la vida del sueño”. Pero también en el sueño se conecta todo según el principio de razón bajo todas sus formas y esta conexión se rompe entre la vida y el sueño o de un sueño a otro. La respuesta de Kant sólo puede formularse del siguiente modo: el largo sueño (la vida) está siempre interconectado al principio de razón, más no con los sueños cortos; aunque cada uno de éstos tiene dentro de sí la misma conexión, entre ellos y el largo sueño de la vida el puente se interrumpe, y por eso cabe diferenciarlos. Sin embargo, dirimir conforme a este criterio si algo se ha soñado o ha ocurrido sería muy difícil y con frecuencia resultaría sencillamente imposible, pues de ningún modo estamos en situación de recorrer la cadena causal, eslabón por eslabón, entre cada acontecimiento vivido y el instante presente, mas no por ello los consideramos como soñados. Por ello en la vida real no suele emplearse este tipo de indagación para distinguir el sueño de la realidad. El único criterio seguro para diferenciar el sueño de la realidad no es de hecho otro que el criterio totalmente empírico del despertar, por medio del cual la conexión causal entre los acontecimientos soñados y los de la vida en vigilia se interrumpe tan explícita como palpablemente. [...] Aquí se revela de hecho el estrecho parentesco entre la vida y el sueño; tampoco debería avergonzarnos admitir este parentesco, toda vez que ya se ha reconocido y proclamado por la mentes de mayor ingenio. Los Veda y los Purana no conocen mejor comparación que la del sueño, que utilizan tan profusamente, para el conocimiento global del mundo real, al que dan en llamar “Velo de Maya”. Platón reitera con frecuencia que los hombres viven en sueños y que únicamente el filósofo se esfuerza por mantenerse despierto. Píndaro dice que “el hombre es la sombra del sueño”; Sófocles dice: “Veo que, mientras vivimos, no somos otra cosa que espectros y una sombra fugaz”. El gran Shakespeare dejó escrito lo siguiente: “Somos del mismo material / con que se tejen los sueños, y nuestra corta vida / se ve rematada por el dormir”. Finalmente Calderón se hallaba tan hondamente impresionado por esta perspectiva que intentó expresarla en un drama de corte metafísico titulado La vida es sueño.
Tras citar a estos poetas, se me permitirá recurrir a una metáfora. La vida y los sueños son hojas de uno y el mismo libro. Leerlo de corrido equivale a la vida real. Pero algunas veces, cuando acaban las horas de lectura (el día) y llega el tiempo de reposo, seguimos hojeando ese libro sin orden ni criterio, abriéndolo al azar por una u otra de sus páginas; con frecuencia se trata de una página ya leída y en otras ocasiones de una página desconocida, pero siempre son páginas de un mismo libro.
*Schopenhauer sostiene que hay dos tipos de acceso al conocimiento: la vía racional y la intuitiva. Considera ésta última como la más eficaz o la más genuina.
Sobre lo que parece telepático
17 Marzo, 2007
Con frecuencia, en el momento de relatar un sueño, de pasarlo pues en texto, me topo con un algunas dificultades. La primera, de donde se desprenden los demás problemas, es otorgar coherencia a una experiencia que originariamente es ilógica, inconsciente; de ahí se genera el obstáculo de contar de manera unitaria experiencias que son fraccionarias, pero que a la vez, dentro de la unidad que es el sueño, son una misma. Un ejemplo de lo último sería el sueño en el que primero se está en un lugar, y sin reparos ya se está en otro, y así sucesivamente.
Otro impedimento para poder escribir un sueño, de la manera estricta en que se vivió, es la experiencia puramente sentimental, es decir, se puede estar viendo un zapato, un cerro o cualquier otra cosa y por dentro paladear una gama intensa de sentimientos; con frecuencia a veces uno se despierta llorando, sudando, carcajeándose o sintiendo dolores de cuerpo.
En tercer lugar están los sueños que son esencialmente gráficos, donde parece no caber la racionalidad de los planos que se conciben en la vigilia. En el intento de contar vivencias de este tipo, muchas veces se llega a relatar una imagen más bien pobre de lo que originalmente fue. De las tres particularidades enumeradas puede haber mezclas, casi todos los sueños son así, sin embargo hay una característica que me lleva a hacer todo este recorrido, que es de cómo uno sabe o se entera de informaciones intrínsecas del sueño.
Esta cualidad casi telepática de los sueños me es notable. Por ejemplo uno se sueña frente a otra persona y puede entablarse una conversación sin ningún medio hablado, escrito o de señas, las cosas sólo se saben de tal manera que parece que de una mente a otra la información se transfiere. Con ciertos lugares o situaciones pasa lo mismo, es frecuente decirle al compañero, mientras se le cuenta qué se vivió la noche anterior, “entonces entré en una casa muy bonita y supe que era la residencia de mis abuelos” o “soñé que estaba contigo y me decías, sin hablar ni nada, que mi perro se había muerto.” En el momento en que se entra a un lugar, o se vive cierta situación, la información, que parece comprimida, invade la mente.
Este problema que a primera vista pertenece a una índole redaccional o gramatical, es una cuestión que concierne a la traducción: es necesario transformar procesos narrativos de naturaleza ilógica a estructuras racionales, es por eso que a veces es innegable la corrupción del material onírico a causa de la imposibilidad, más que de honestidad.
También es casi imposible desligarse de las cualidades mencionadas propias de los sueños, y mientras no se encuentre un recurso narrativo que proporcione una idea más acercada a lo que primeramente se sueña, se tendrá que hacer un esfuerzo de traducción, y de adaptación de lo onírico a lo racional, que traiga a la vigilia un poco del esplendor que algunos sueños dejan dentro de las personas.

Sueño premiere
21 Febrero, 2007
Me soñé en una calle donde había muchas personas que era imposible identificar. El crepúsculo y el ruido ambiental proporcionaron la tonalidad de la escena. Pasé entre las personas y encontré un auto, el mío. Lo abrí, me subí y bajé la ventanilla. Llegaron dos niños de sexo irreconocible, eran indigentes y sus ropas eran negras y desgarradas. Querían venderme una flor y tal vez sacarme alguna otra cosa. En ese momento yo sentí que las intenciones del par ése no eran buenas.
Me negué a comprarles algo, entonces, a través de la ventanilla tomaron mi brazo y lo rompieron; después se fugaron. La fractura fue bastante singular: no fue audible el hueso al quebrarse, y tampoco fui sensible al dolor; simplemente seguí el movimiento de mi antebrazo al doblarse en un ángulo de noventa grados. Con el brazo así bajé del coche y caminé por la calle.
Después de unos pasos dados, me topé con una persona que es del todo familiar para mí, sin embargo había algo que no cuadraba en él. Lo saludé, nos dimos gusto de vernos, y justo después, los niños andrajosos llegaron ofreciendo flores otra vez. Él se negó y pronto estuvo en la misma situación que la mía: lastimaron rápidamente su brazo y se fueron. Detrás de nosotros sonaba la música de un restaurante en forma de galerón, se escuchaba el tintineo de los cubiertos y algunas pláticas ahogadas en la incipiente oscuridad.
Alarmados los dos comenzamos a prevenir a la gente que pululaba ahí.

¿Qué tal?
21 Febrero, 2007
Éste es mi primer intento por hincarle el diente a la escritura asidua en internet, o sea que es el único blog que he hecho =) Sin embargo estoy en este intento por una extraña necesidad que tuve en algún tiempo.
Hace un par de años estuve bajo el influjo de una obsesión por mi mundo onírico y de los demás. Entonces, cada mañana hacía un esfuerzo muy grande por recordar mis sueños, tanto que al llegar a la escuela no había mucha atención para los maestros y materias. Mis temas de conversación, bastante raros para mis amiguitos preparatorianos, estaban centrados en “¿qué soñaste hoy?” o “hoy, la neta, tuve un sueño bien chafa”. La cosa es que a algunos los aburría mortalmente, y otros, parecía, se divertían (o trataban en secreto de psicoanalizar mi material onírico!); en algunos casos lograba una plática interesante donde se intercambiaban experiencias sobre el tema, o nomás nos clavábamos hablando de los sueños.
A raíz de mi trabajo por recordar lo que pasaba en mis noches, he adquirido alguna habilidad por traer del inconsciente al consciente gran parte de las imágenes y cosas que vivo en el plano onírico. Ahora ya no hablo sobre sueños con quien se me para en frente, pero el interés sobre el tema no ha cejado.
Creo firmemente que el análisis de lo que uno sueña lo vuelve, si no más sensible sobre uno mismo, sí más consciente de las necesidades internas y primordiales por las que se suele “pasar de noche”. Mi interés es sobre todo en el crecimiento personal, y contagiarlo, al menos, a algún lector; y ya si uno se pone soñador, pues iniciar otros diarios oníricos con más usuarios. Ya que los sueños, gran parte de las veces, poseen tanto riqueza simbólica como narrativa, estoy seguro que más de uno podrá internarse dentro de la trama de algún relato.
Otro impulso que me orilló a crear el blog es que hay veces que me da por tomar algunas fotos. Quiero exponerlas y que los lectores me dejen alguna opinión. Con respecto a este punto no hay mucho que decir, es mejor dejar a las mismas imágenes decir lo suyo.
Sin más por ahora. Adiós.