Puerta de agua en la playa
20 Junio, 2009
Una borrasca nublaba el cielo y agitaba el agua de la playa. Una voz off narraba, con un estilo de locutor de radio, lo que sucedía con el clima y el oleaje alborotados por el mal tiempo. Yo caminaba del malecón hasta donde llegaba el agua de mar.
Avancé cien metros y me encontré unos rompeolas ocupados por algunas personas que disfrutaban de la violencia de las olas. Algunos estaban practicamente dentro del agua. Había una pareja que estaba sobre las rocas y estaba empapada, y las voz radial anunciaba que, ultimamente, habían ocurrido varios decesos precisamente en los rompeolas. De pronto salió de las aguas un tiburón pálido, y de un mordisco, devoró a la mujer, dejando a medias la pareja.
La voz anunció que una puerta de agua estaba por llegar a la costa. Volteé a las escaleras que conducían al malecón y me asombró ver una montaña de agua se movía lentamente a ellas. Las clausuraría, y de paso, nos ahogaría a todos los que estábamos en la playa. La voz seguía con su sonsonete, pero el pánico de morir bajo la furia del mar, no me permitió escuchar lo que seguía diciendo.
Francotirador
28 Enero, 2009
En el último piso de una torre que era mi casa, estaba mi cuarto. Tendía mi cama. Era de noche y tenía sueño. Terminé de arreglar las sábanas y apagué las luces. Sólo faltaban las cortinas que dejaban entrar mucha luz. En el momento en que las tenía en mis manos escuché el crujido de un vidrio. La espalda se me heló. Busqué de dónde venía el sonido y encontré un pequeño hueco en el cristal del ventanal: en seguida adiviné un disparo.
El segundo terminó de reventar el cristal.
Corrí a ocultarme. Una pared me protegía. Busqué en mi cuerpo rastros de sangre y encontré uno. La sangre fluía sin miramientos. Llamé gritando a mi padre, pero tardaba en llegar. La sangre continuaba con su flujo inclemente. La mirada comenzaba a vacilar. La piel palideció.
Escuché que la perilla de mi cuarto giró lentamente, y la cara de mi papá se asomó. Le expliqué la situación, que debía quedarse a resguardo, pero que necesitaba ayuda porque me desangraba. Me dijo que no había otra opción más que fuera por mí y me sacara. Entonces corrió hasta donde estaba protegido, me tomó de la mano y me obligó a pararme. Las piernas me temblaban. Corrí junto con él, pero los pies no me respondían con claridad.
A la mitad del cuarto mis piernas colapsaron y quedé de rodillas. Mi padre intentaba pararme, pero mientras eso pasaba, la blanda carne de mi espalda sintió la dureza del plomo. Uno a uno llegaron los proyectiles. Fueron más de cinco balas dentro de mi tórax.
Sentí la desesperanza que deben paladear los condenados a muerte.

La arañagrillo
12 Noviembre, 2008
A la orilla de una carretera estuve en una palapa donde se comía una barbacoa. El ambiente familiar, de comunión defectuosa, me fastidió. Me levanté y caminé hacia la carretera con un vaso de cristal en la mano. Tenía sed, pero nada podía beber debajo de la palapa.
Sabía que al lado de carretera a menudo existen tambos con agua potable. Salí a buscarlos. Caminaba justo en el filo de la blanca barra interminable. Los grandes trailers pasaban a mi mano izquierda. Sentía sus poderosas fuerzas en mi espalda.
Con frecuencia me topaba con tambos, pero con agua estancada. Había un claro en donde había algunos jornaleros, que rodeaban a uno de ellos que estaba en el suelo, convalesciente. Escuché que el enfermo había sido picado por una gran araña en la faena. Si no llegaba una ambulancia pronto moriría.
Seguí caminando, y a mi lado apareció una maleza que invadía la carretera. Me enredé, sin querer, en ella. Mientras intentaba liberarme me di cuenta que en mi brazo, enmarañada, había una telaraña. El centro de ella conducía a la atemorizante visión de una araña con dos ojos, verdes, que me contemplaban. Con el vaso traté de apartar la telaraña de mi cuerpo, pero sólo logré mover todos los hilos y excitar a la araña. Comenzó a moverse hacia mí, con todo y su poderosa ponzoña.
Sus ocho patas eran como las del grillo: anchas y con púas. Y su color era emeralda. Cuando estaba casi sobre mi piel, logré aventarla con el vaso. Pero no se daba por vencida y volvió a trepar en los hilos, y cuando estaba lista para inyectar su veneno en mi brazo, desperté agitado.
Oscuro mar
8 Noviembre, 2008
Mis huellas son succionadas por una arena gris. El agua cadente por intervalos moja mis pies desnudos. La gran sábana de agua bruna se extiende insoportablemente lejana. Detrás, en la playa, mi casa silenciosa espera.
Camino un poco más sobre el cinturón de arena que el agua remoja. Me detengo: estoy más y más lejos de mi casa. Quiero regresar. A casa paso, mis pies se unden más en la devorante arena; la fuerza del agua arrecia contra mis piernas.
El mar quiere tragarme.
El mar quiere engullir mi casa.
Quiero subir las escaleras de mi casa para estar lejos del agua.
La playa desaparece lentamente, mientras los líquidos azabaches avanzan sin clemencia hacia los cimientos de la construcción. Mis pasos cada vez penetran más el suelo. El agua me jala con mayor furia.
La noche sin luna, es oscura.
Milicia policíaca
23 Noviembre, 2007
Hubo golpe de estado. Hordas de militares vestidos de blanco penetraron y reconfiguraron una capital: lavaron la sangre salpicada en las paredes de los edificios, suburbios y avenidas; pintaron incluso el pavimento de blanco; se estableció una vigilancia permanente con rifles en mano de agentes parecidos a policías, pero de la milicia, y francotiradores ávidos de un disturbio mínimo para reventar cráneos civiles.
Fui un soldado del ejército opositor, disfrazado de civil. Camino en el centro de la capital reformada y me dirijo a un escondite donde atesoro planos, libros, documentos y un pedazo de tela parecido a una bandera. Estos objetos pertenecían a las fuerzas rebeldes.
Metí la mano en un recoveco y saqué las cosas con cuidado; seguramente ellas me ayudarían a recobrar fuerzas, y combatir a la milicia gobernante. Un sniper me descubrió en el momento; por radio las unidades policíacas terrestres se enteraron de mí y me capturaron.
No recuerdo el tipo de tortura que merecía un soldado opositor, porque no me acuerdo de la mía. Pero con certeza que después de casi destrozar mi cuerpo me dieron un tiro de gracia.
Los sueños chafas
24 Febrero, 2007
Como el artículo introductorio dice, hay días en los que sueño chafa. Sí, ya qué.
La cosa es que a veces me levanto y comienzo a recordar, en algunas ocaciones no es necesario hace esfuerzo para que el sueño venga, ya sea porque me ha impactado a nivel íntimo, o porque grafica y narrativamente es interesante; en otras me devano el seso intentando ver a las imagenes que de la noche, todo para tener como resultado un recuerdo simple y sin sabor.
Una vez me vi actuar de manera supersticiosa, y gracias a uno de estos sueños que impactan. Yo me tranquilizo pensando que fue cuatela de mi parte:
Tenía en puerta un viaje con grandes posibilidades de ser un rotundo fracaso. Después de soñar cancelé mis boletos. Éste es un sueño donde el argumento principal no se centra en las imágenes o las acciones, sino en las sensaciones, valga la redundancia, físicas.
Estaba en una hacienda que pertenecía a una de las personas que, con seguridad, vería si yo viajaba. Caminaba en ese lugar para conocerlo; lo recorría con curiosidad. Llegué a una fuente seca en un jardín casi sin pasto, y pobre en flores. A lo lejos vi acercarse al dueño, caminaba directo hacía mí. A lado de la fuente estaba yo de pie, esperándolo. Cuando estuvo a pocos pasos de mí pude distinguir un revólver color carbón en su mano derecha. Este personaje se colocó muy cerca de mí y encañonó mi garganta, dejó pasar un instante y disparó.
Sentí mi espalda chocar contra el suelo, pero verdaderamente pude sentirlo, y después, lo más fuerte: comencé a experimentar un cosquilleo dentro del pecho, y para terminar con la agradable experiencia-visión-sueño sensorial, de la boca se arrancó hacia fuera de mí algo incorpóreo. Después conjeturé que era la sensación que supongo imaginaba de cómo era el desprendimiento del alma.
El desprendimiento fue percibido desde la perspectiva de lo incorporeo que avandonaba el cuerpo, el alma; y desde la masa que iba experimentando la pérdida de algo primordial para ella, el cuerpo.
Me desperté desasosegado, digiriendo la tétrica novedad que esta experiencia casi real (¿o verdadera?) me había dado, y también la una sensación franca de extrañeza. Ese mismo día cancelé los tickets.
Este ejemplo, por decir algo, es uno de esos sueños que me obligan a recordarlos por lo extremo de los detalles ya sea sensoriales o sentimentales.
Por el contrario hoy me desperté y pensé “hoy voy a aburrir a los pocos lectores que tengo”. Y, como es de notarse, estoy eludiendo la narración de hoy porque creo que es bien pobre el relato de ahora.
El sueño comienza en un campo con abundante pasto, sin una sola persona y un cielo despejado. Inspeccionaba con la mirada el lugar. Lo repasé y no hubo oportunidad de ignorar un globo aerostático que estaba a mis espaldas; estaba preparándose para volar. En ese instante yo me enteraba que el medio de transporte y los preparativos habían sido financiados por gente que no deseaban mi presencia cerca de ellos. El plan que tenían habían construido era subirme en el globo y dejarme en el cielo a mi suerte. Antes de que pudiera enterarme sobre si lograban echar andar el plan, o escapaba, desperté.
Dejo al juicio del lector. Comenten.


