Eclipse

Les cuento:

Tuve conciencia de permanecer dentro de una jaula, mientras el eclipse de sol ocurría. La apariencia de esta prisión era anormal, dentro de ella se podía ver asientos en dos filas que se extendían a lo largo, en medio un pasillo y justo frente un gran parabrisas. Caí en cuenta de que estaba cautivo dentro de un autobús.

El eclipse estaría sucediendo en un repentino par de minutos, y yo estaba encerrado. Como pude, buscando debajo de los asientos, encontré un túnel que conectaba con el exterior. Salí del camión sin poder encontrar, aunque fuera, visualmente la entrada por la que había huído. El lugar en el que después me encontré era una calle como la de cualquier cuidad, había edificios a los dos lados de la acera, la tímida basura se dejaba ver en las alcantarillas; era después de mediodía.

A mis espaldas erguido estaba un edificio en el que yo debía llevar a cabo un rito a propósito del eclipse. Corrí hacia la entrada y trepé las escaleras de emergencia, a mitad de mi recorrido hacia el último piso me encontré con cierta persona que me dotaba de los instrumentos necesarios para ejecutar el evento: un plato de barro con una extensión aproximada de una mano abierta, en el traste había abundante sal; aparte recibí algunas piedras, una de ellas era una daga de obsidiana café, otra era un disco de diez centímetros de diámetro y cuatro o cinco de espesor, la mitad del medallón estaba hecho de una piedra morada que recordaba a la amatista y la otra parte era translúcida, parecida al cuarzo blanco, en el que se veía otras pequeñas piedras incrustadas en esa masa transparente, una de ellas estaba colocada justo en el centro, era negra y aparte sabía yo que representaba el centro de ese cilindro de cuarzo, el centro del plato y el centro del rito.

Tomé esos objetos y seguí subiendo junto con quien me los había dado, él era acompañado por personas desconocidas para mí. En algún punto del ascenso algo o alguien los detuvo a todos, menos a mí. Era necesario apurarse ya que el eclipse en algunos segundos estaría empezando. Llegué hasta el último piso y me encontré con un paisaje desértico y de arena gris que se extendía hasta el horizonte; pilares del mismo color posicionados caoticamente se alargaban hacia el cielo. El viento movía el cabello.

Salí al páramo con la cabeza girada hacia el cielo, buscando el sol. Cuando lo encontré una imagen sin precedentes me asaltó: la gran estrella estaba brillando al lado de una más pequeña, o sea que había dos soles en ese momento. Justo después de darme cuenta de la presencia del segundo lucero, del horizonte salió una piedra gris, de forma perfectamente circular que, de alguna manera, me pareció una piedra de sol azteca; entonces el monolito con una velocidad apabullante atajó la luz diurna otorgando el paso a una noche artificial. Yo me senté en la arena, puse el plato sobre el suelo y estuve dispuesto a empezar el ritual.

Un perro apareció súbitamente y comenzó a lamer la sal del traste de barro, me limitaba a darle golpes con la daga, no con la parte filosa, sino con la plana; el animal se alegaba un poco pero regresaba sistemáticamente hasta que la comió toda. El rito no finalizado, aparentemente, no ocasionaba mayor problema.

La percepción que tenía hasta entonces comenzó a cambiar de una limitada primera persona a una poderosa visión que otorga la tercera persona, es decir que mi yo se disolvía y me unía con la situación pudiendo ver todo lo que pasaba al rededor mío, de los pilares y del desierto. Pude ver que la arena en cantidades grandes se removía, entonces de doce lugares salían un número igual de personajes gigantes que representaban a las doce casas del zodiaco; todas ellas eran por dentro de fuego y en la parte externa mostraban una coraza muy delgada de piedra gris. Logré captar la ascensión de tauro a quien casi le logré sentir el fuego desbordándosele; después salió leo que mecía una melena fogosa, una garras de flamas y un cuerpo de piedra. Los demás signos estaban ya sobre tierra, y comenzaron a pelear entre ellos. El resultado era piedras esparcidas por todo el terreno y fuego consumido.

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3 comentarios en “Eclipse

  1. Iván dijo:

    Muy raro y Borgiano el sueño, fuego, ídolos, sal, perros raros, ¿que más torcideses tienes ahí adentro electrolito?

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