Pinche noche

El alumbrado público de esta ciudad que se me presenta gigantesca, está apagado. Apenas los faros de los coches iluminan el pavimento negro.

Pinche noche.

Estoy esperando en un semáforo y unas filas interminables de autos me rodean. Verde. Se escucha motores muy revolucionados, rechinidos de llantas y yo siento, en el volante y en los pedales, la fuerza de mi máquina. Salgo disparado. La calle más bien parece una pista que la avenida de una cuidad.

La negrura se cierra más, pocos coches me acompañan ya. Uno que sé trasero, por el sonido de su motor, se me acerca, me rebasa por mi izquierda y después toma mi carril. Levanta una cortina de polvo. Pinche polvo. Pinche noche. No veo ni madres, los pocos faros que podía localizar desaparecen detrás de la bruma. Siento mi carro perder estabilidad; que choca con objetos invisibles. Se levanta en dos llantas y escucho el crujir de cristales y metal. “Solo”, inmerso en el solvente negro (¿de la noche, del pavimento?), es lo único que puedo pensar mientras el coche se detiene por la fricción de las láminas con el camino.

Pinche noche, pinche sangre que me chorrea por todo el cuerpo.

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Pinche noche

2 comentarios en “Pinche noche

  1. supernova... dijo:

    Y era necesaria la sangre?…. wook, jaja me senti parte del sueño… ahh tal vez el semaforo? jajaja, no pero si me adentre.. mendigo eres aun mejor

  2. Arete de fantasía dijo:

    Me gusta la bervedad en la literatura. Lo sabes.
    Podría ser, sin más, un muy buen cuento, pero respeto tu género del sueño.
    Me gusta que la imagen contraste con la narración, las flores moradas con blanco son una excelente opción para el viaje en carretera de una pinche noche.

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