Pescador barbudo

Iluminadas las palmeras, danzaban con el viento de la playa. A un pequeño puerto llegaron dos pescadores en una lancha blanca, tapizada de despostilladuras en la pintura, a descargar su captura del día.

—¿Quién es ese barbón?— preguntó alguien que parado en la arena observaba cómo emergían redes de la pequeña embarcación.

—¿Qué no sabes que es un gran pescador; que se jacta, incluso, de haber capturado los famosos insectos de mar?— respondió regañona una mulata, vestida de rojo y lunares blancos. Su pañoleta colorada también bailaba con el aire.

—¡Señor, señor!— le gritó la mujer al pescador viejo y barbudo —pase por acá, que lo voy a llevar a mi casa para que coma y descanse. Si quiere traiga a su acompañante.

La familia de la señora se arremolinó al rededor de ella y del pescador, su ayudante los seguía. Avanzaron silenciosamente por un pequeño malecón que pertenecía a la mulata. El mar cercano contenía, a ras de la arena, unas jaulas circulares donde vivían algunas especies de animales pertenecientes a esta familia. Al final, unos cocodrilos bebés reptaban en círculos dentro de su prisión. Todos contemplaban taciturnos a las bestias.

Al aproximarse a la jaula de los lagartos, uno pequeño pero imponente, comenzó a caminar desde la arena hasta el malecón. Se plantó en el paseo encarpetado de cemento y dejó relucir su piel, que era de una piedra como el jade tallado, unos surcos chatos dibujaban sus rasgos.

Detrás del grupo espectante, corrió una cría de venado hacia las fauces que se abrían del lagarto. Al primer contacto de la piel afelpada con los colmillos, intentó cambiar de rumbo la potencial víctima pero logró zafarse. Se incorporó el venado, y horrorizado se disparó por donde llegó. Escapó. Todo estuvo en orden. Siguieron caminando.

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Pescador barbudo

4 comentarios en “Pescador barbudo

  1. KuRe dijo:

    Buen cuento, me latió. Está chido todo en general. Lo estaré revisnado seguido así que echala ganas y sigue escribiendo vato, un saludo.

  2. Buen Kure: Gracias por la flor. Intento dar cierta unidad narrativa a los sueños aunque, a veces, no se logre mucho; la cosa es recordar la presencia de lo onírico, que no se supongan como algo secundario.

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