Consideraciones foráneas

Todo libro tiene algo de nosotros. Por suerte, cuando alguien se acerca verdaderamente a una obra (al arte en general), ya sea un cuento, una novela o un guión, es como exponer el rostro frente a un espejo.

En este caso, en el que no se trata el tema del sueño directamente, no sucede que se abandone el objetivo de este blog; sino que estoy ampliamente interesado en que quien caiga en esta web, encuentre algo de sí: tarea de por sí pretenciosa, pero creo que sincera. Quiero, además, que de vez en vez las narraciones se conviertan en noticia de algún otro suceso, y que por la temática que cobijo pueda llegar a interesar al espectador.

Sucede, pues, que como ¿Con qué sueña el Electrolito? no es un sitio que albergue reseñas de literatura o novelas recientes, no se pensaría que hubiera alguna de ellas en las entradas, sin embargo quiero hablar de un libro que me parece pertinente, además de interesante, que se mencione. La lectura que se me ha convertido la mar de ardua, pero que no deja de parecerme genial, es de un filósofo alemán.

En este punto ruego al lector que al enterarse del nombre del escritor, no deje la lectura en aras de conservar su estabilidad mental.

En su libro El mundo como representación y voluntad, Arthur Schopenhauer maneja una exposición de lo que constituye su sistema filosófico, impregnado de influencias budistas, y que representa una concepción de corte idealista sobre el mundo y la realidad.

Una parte, al inicio de su exposición, que parece más un apartado que un elemento fundamental para cohesionar su sistema, está dedicada a la valoración de los sueños. Estas líneas, o sea una cuartilla y media, las había leído hace unas semanas, y con intenciones fogueantes me debatí unos días si era o no pertinente subirlas aquí. “No tienen cabida en el blog” o “a nadie le va a interesar” fueron algunos argumentos en contra, pero creo que he cambiado de opinión y las citaré.

Arthur Schopenhauer escribe sobre los sueños:

[…] ¿Hay algún criterio fiable para diferenciar entre sueño y realidad, entre fantasmas y objetos reales? Pretender que la intuición* soñada tiene menor vivacidad y claridad que la intuición real no merece atención alguna, pues todavía no hay nadie que las haya tenido juntas a las dos para compararlas, sino que sólo puede compararse el recuerdo del sueño con la realidad presente. Kant solucionaba así la cuestión: “La conexión de las representaciones entre sí conforme a la ley de causalidad diferencia la vida del sueño”. Pero también en el sueño se conecta todo según el principio de razón bajo todas sus formas y esta conexión se rompe entre la vida y el sueño o de un sueño a otro. La respuesta de Kant sólo puede formularse del siguiente modo: el largo sueño (la vida) está siempre interconectado al principio de razón, más no con los sueños cortos; aunque cada uno de éstos tiene dentro de sí la misma conexión, entre ellos y el largo sueño de la vida el puente se interrumpe, y por eso cabe diferenciarlos. Sin embargo, dirimir conforme a este criterio si algo se ha soñado o ha ocurrido sería muy difícil y con frecuencia resultaría sencillamente imposible, pues de ningún modo estamos en situación de recorrer la cadena causal, eslabón por eslabón, entre cada acontecimiento vivido y el instante presente, mas no por ello los consideramos como soñados. Por ello en la vida real no suele emplearse este tipo de indagación para distinguir el sueño de la realidad. El único criterio seguro para diferenciar el sueño de la realidad no es de hecho otro que el criterio totalmente empírico del despertar, por medio del cual la conexión causal entre los acontecimientos soñados y los de la vida en vigilia se interrumpe tan explícita como palpablemente. […] Aquí se revela de hecho el estrecho parentesco entre la vida y el sueño; tampoco debería avergonzarnos admitir este parentesco, toda vez que ya se ha reconocido y proclamado por la mentes de mayor ingenio. Los Veda y los Purana no conocen mejor comparación que la del sueño, que utilizan tan profusamente, para el conocimiento global del mundo real, al que dan en llamar “Velo de Maya”. Platón reitera con frecuencia que los hombres viven en sueños y que únicamente el filósofo se esfuerza por mantenerse despierto. Píndaro dice que “el hombre es la sombra del sueño”; Sófocles dice: “Veo que, mientras vivimos, no somos otra cosa que espectros y una sombra fugaz”. El gran Shakespeare dejó escrito lo siguiente: “Somos del mismo material / con que se tejen los sueños, y nuestra corta vida / se ve rematada por el dormir”. Finalmente Calderón se hallaba tan hondamente impresionado por esta perspectiva que intentó expresarla en un drama de corte metafísico titulado La vida es sueño.

Tras citar a estos poetas, se me permitirá recurrir a una metáfora. La vida y los sueños son hojas de uno y el mismo libro. Leerlo de corrido equivale a la vida real. Pero algunas veces, cuando acaban las horas de lectura (el día) y llega el tiempo de reposo, seguimos hojeando ese libro sin orden ni criterio, abriéndolo al azar por una u otra de sus páginas; con frecuencia se trata de una página ya leída y en otras ocasiones de una página desconocida, pero siempre son páginas de un mismo libro.

*Schopenhauer sostiene que hay dos tipos de acceso al conocimiento: la vía racional y la intuitiva. Considera ésta última como la más eficaz o la más genuina.

Anuncios
Consideraciones foráneas

2 comentarios en “Consideraciones foráneas

  1. Arete de fantasía dijo:

    Querido electrolito, me parece más que pertinente esta cita de Shopenhauer (ay qué dificil es de escribir :P). Como tú creo que habrá gente que no lo lea, porque es dificil de seguir la lectura, sin embargo, tú le estás dando uan cohesión y fundamentación que sostiene todas las entradas de tu blog; me parece como el hilo narrativo que necesitan los libros de cuentos. Tú qué crees?
    También creo que no es improtante que lo lea todos los que entran a tu blog, con E. Corral veíamos que existen dos tipos de artistas: los que necesitan crear y los que necesitan ser leídos, vistos, escuchados, etc. Creo que para cumplir con el “primer tipo” se necesita de mucho valor, ni se digo del segundo. A lo que voy es que cuando tu cumples con la función de, como artista, crear (en el más amplio de sus términos), ya estás tomando una postura digda de ser reconocida, auqnue sólo sea por Arete de Fantasía.

  2. Arete de fantasía:

    Creo que incluso puedo estar siendo vulgar al exponer las piedras angulares de mi propuesta. Ahora, tú qué crees?
    Santa Claus, quien me da una cátedra, me dijo que si se opta por el camino del anonimato en una obra, automaticamente ésta se adhiere al sustrato popular: el verdadero valor es dar la cara: es darle un nombre a lo que se hace.

Los comentarios están cerrados.