Uno sobre sueños

Soñé que dormía y, a su vez, soñaba. Lo que soñé en el sueño no lo recordé hasta tiempo después. Pero en ese sueño me levanté de mi cama y descendí las escaleras de mi casa. Me encontré con mi madre. En la cocina, en la planta baja, la acompañaba un niño que era mi primo, y quería comprar películas vía internet. La idea no me parecía muy atractiva, no quería que él tocara mi computadora.

Mucha gente entró en la casa, y en ese momento fui condescenciente con el niño e intenté llevarlo a comprar en mi computadora. Cuando le dije, él ya no quería. Muchas personas seguían entrando y me topé con una: un viejo conocido, psicólogo y bigotón. Nos saludamos alegremente y nos preguntamos sobre nuestra salud, sobre nosotros mismos, etc. Le platiqué que hacía pocos minutos había soñado, justo antes de que llegara. Él me preguntó qué había soñado y le dije que me vi sobre mi cama, con los brazos cruzados y trabados sobre el pecho, y vestía de negro. “¿Llevabas lentes?” me preguntó. “No”, contesté. Seguí contándole que me levanté de mi cama y pude mover con libertad mis brazos; y que sentía el color negro en mi ropa. En ese sueño ocurrían otras cosas, pero no las recuerdo; y sé que las relaté todas al bigotón.

Comentamos el sueño y de pronto mi interlocutor me pregunta que si no tengo alguno escrito. Lo llevé a mi computadora y abrí una página de internet. Le dije: “escribo algunos sueños aquí: los subo”. Él se sentó frente al monitor y comenzó a leer.

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Uno sobre sueños