La bruja

Me encuentro en una construcción en ruinas. La habitación en la que estoy parado no tiene techo, las paredes se hallan cubiertas por limo verde, el piso es de tierra, y a pesar de estas características, me parece que el lugar tiene aspecto de un consultorio médico. A mi lado izquierdo hay un perro de orejas grandes y al cual siento que le tengo un gran cariño, sentía que teníamos un lazo y que podíamos comunicarnos de cierta manera. Empezamos a caminar mi perro y yo, por la construcción en ruinas, ahí encontramos a un amigo y me indicaba cuál era la salida mientras me acompañaba hacia ella. Una vez parados en el portal de salida, noté que la construcción estaba rodeada por un lodo que se perdía hasta el horizonte. Uno que otro árbol seco se erguía entre el mar café.

Empezaba a platicar con mi amigo sobre el lugar y de una serie de cosas que no alcanzo a recordar. De un momento a otro mi perro emprendió una carrera por el lugar, como tratando de buscar algo. A cada paso que daba se ensuciaba poco a poco todo el cuerpo de lodo. Mi amigo me incitaba a que fuéramos en busca del perro ya que cerca de ahí se encontraba una casa en donde pasaban cosas muy raras, y no sería buena idea que llegara hasta aquel lugar. Iniciamos una búsqueda que de pronto se convirtió en una frenética travesía por el campo lleno de lodo. Nuestras piernas estaban completamente enlodadas, nos era difícil caminar y cada vez era más desesperante la situación. Poco a poco nos fuimos acercando al lugar que no queríamos llegar.

Una vez ahí pude ver a mi perro parado a un lado de un pozo, tapado con maderas. Parecía estar tranquilo y en espera de nosotros. Había una construcción de dos pisos que igual que la otra de donde salí. Estaba en muy malas condiciones. No tardamos mucho en notar que se escuchaban ruidos muy extraños en el sitio, provenientes del segundo piso. Parecía como si algo o alguien fuera de un lado a otro de la construcción a gran velocidad y tirando todo a su paso. Pronto los ruidos se convirtieron en estruendos. Mi atención como atraída por un imán no podía apartarse de la construcción, y sólo quería tratar de imaginarme qué es lo que pasaba ahí dentro.

Me di cuenta que en una de las ventanas del segundo piso había una mujer. La vi y sabía que era alguien que había conocido en el pasado y que tenía fama de ser bruja. Ella me miraba fijamente y de un momento a otro estaba parada a mi izquierda; de un salto me alejé lo más que pude. “No tengas miedo, sólo te voy a hacer un regalo” me dijo con una voz muy natural y llena de paz, que a su vez me la transmitía. Se acercó lentamente y me entregó una máscara, era de madera verdosa, parecía muy vieja y dentro de ella tenía una inscripción que no pude leer. De inmediato sentí una fuerte necesidad de ponérmela, y en el momento justo en que me la puse, pude sentir cómo viajaba a una velocidad extraordinaria en la dirección que quisiera; pero a la vez me daba miedo y tenía una sensación de que algo no estaba bien. Me quité la máscara y me encontraba ya muy lejos del sitio en donde me la puse, tan lejos que ya mi vista no me permitía ver la casa de donde partí. A mi izquierda se encontraba la mujer que me dio la máscara, con la misma facies de paz que unos momentos antes. Me dijo que nos buscaban, que la policía estaba tras nosotros y que debíamos escapar juntos. Parecía que a pesar de que no sabía por qué me perseguían, no tenía otra salida más que escapar.

Apresuradamente me puse la máscara y como en la primera ocasión empecé a viajar con la misma rapidez. Podía ver cómo atravesaba pueblos enteros en cuestión de segundos. Me sentía dominado por una sensación de poder y de superioridad. Pronto, frente a mí, el camino se bifurcaba, justo antes de tomar la decisión de qué camino debía tomar, tuve la sensación de que era perseguido por perros; pero dada mi velocidad no presté atención, así que tomé el camino de la derecha y después de algunos minutos más de camino me detuve junto a unos sembradíos de maíz. A mi izquierda, más como parte de mí que como un ser aparte, se encontraba la mujer que parecía nunca cambiar de expresión. Me hizo la seña de ver hacia enfrente, ahí parado se encontraba un policía junto a su patrulla. Hizo el intento de tomar su radio, pero me abalancé sobre él, propinándole una golpiza que no se detuvo hasta que no logré extinguir hasta la última muestra de su vida. El cadáver yacía a un lado de la patrulla, en el canal de riego de la milpa.

A lo lejos se oían más sirenas. La mujer a mi lado parecía disfrutar de aquella melodía tan funesta, al menos funesta para mí. Mientras me esforzaba por ubicar en qué dirección se aproximaban las sirenas, la mujer dijo “nunca nos dejarán en paz, debemos escapar juntos”. Sin decir nada, y completamente resignado, me coloqué la máscara y desperté.

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4 comentarios en “La bruja

  1. Zen dijo:

    Buena Historia!
    Para llegar a ser sabio, es preciso querer experimentar ciertas vivencias, es decir, meterse en sus fauces. Eso es, ciertamente, muy peligroso; más de un sabio ha sido devorado al hacerlo…

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