Las enseñanzas del mal

Me encontraba en una fiesta que había organizado en mi casa. Acudió mucha gente, pero nadie me era familiar. Entre la multitud no pude dejar de notar la presencia de alguien muy peculiar, un anciano que a juzgar por su apariencia, debió tener más de 80 años. Poco a poco empezó a llamar la atención de la gente. El ambiente era brumoso, el aire estaba viciado y se podía respirar maldad. Por un momento tuve la sensación de estar en presencia del diablo.

El anciano se acercó a un integrante de la fiesta, un hombre más o menos de mi edad, y después de decirle algunas cosas que no pude escuchar, iniciaron un recorrido por toda mi casa. Los seguí a escondidas mientras subían las escaleras al segundo piso. Supe que el diablo enseñaría algo al hombre que no era yo, y sentí celos de no ser su aprendiz.

En el segundo piso visitaron principalmente cuatro habitaciones. En la primera alcancé a ver un lugar de paredes rojas, como pintadas con sangre. Ahí se encontraba un tipo muy fornido arrancándole, con un pedazo de fierro oxidado, la piel a un cuerpo sin vida, empalado y de cabeza en el centro de la habitación.

La segunda habitación era un escenario muy brumoso en donde no se alcanzaba distinguir ninguna actividad dentro, pero sí un olor a podredumbre y una sensación de muerte inminente, no pude permanecer mucho tiempo contemplando ese lugar, ya que sentí que me perdería dentro de ella y moriría.

La tercera habitación era de color púrpura. Había algunas mujeres desnudas, sentadas en el suelo; pero no pude alcanzar a ver con claridad lo que pasaba dentro porque noté que el resto de las personas de la fiesta me estaban siguiendo. Poseídos por la fuerza maligna del diablo, como zombies me seguían por toda la casa, armados con objetos diversos y con no muy buenas intenciones. Corrí durante toda la noche dentro de la casa, la que poco a poco se iba haciendo más y más grande.

Al final pude salir de la casa, ya amanecía y mi familia llegaba en auto. Mientras bajaban vi cómo frente a nosotros, en un automóvil, el diablo y su aprendiz se alejaban del lugar.

Ya que el episodio traumático terminó. Intenté entrar de nuevo a la casa, pero noté que la puerta está cerrada. Mi hermano se acercó para ver qué es lo que ocurría, pero, como bajo una hipnosis profunda, ambos nos quedamos parados frente a la puerta sin hacer ni decir nada. Cuando mi padre vio la situación, se acercó y nos preguntó sobre lo que había pasado, pero antes de poder decir algo, la puerta ya se encontraba abierta. Al entrar los tres a la casa escuchamos un grito terriblemente escalofriante de una mujer, “mi hermana” pensé. Mi padre acudió al llamado de ella, lo seguí de cerca y me percaté de que está en la cuarta habitación. Vi que mi hermana embarazada, yacía tendida en una cama con sábanas blancas, con un lunar enorme de sangre. A un lado de ella mi sobrino de 2 años trataba de limpiar la sangre, con una expresión de profundo terror. Mi padre la cargó a ella y yo a mi sobrino. Dije en voz alta que todo estará bien y que estábamos a tiempo, aunque yo sabía que el aborto era inevitable. Tan pronto los subimos al auto, se pusieron en marcha hacia el hospital, y nuevamente quedé solo en mi casa.

La sensación que tenía era amarga, productora de un cansancio inmenso y una profunda tristeza. Me dirigí a mi habitación a tomar una siesta. Llegué a mi cuarto y me recosté, dando la espalda a una pared, tratando de dormir. Escuché que me chisteaban, y traté de ubicar de dónde provenía el sonido, pero no pude. Intenté dormir de nuevo. Una vez más me chistearon, de un salto me puse de pie. Empecé a caminar por el cuarto buscando a alguien escondido, pero mi búsqueda fue inútil. Pero advertí que de una pared emergía una cabeza a manera de trofeo de caza, pero era una cabeza humana, de color naranja, sin cabello, con los ojos cerrados y con un tulipán rojo brillante de papel maché en la frente. Era muy extraño porque no recordaba que un objeto así estuviera en mi cuarto anteriormente.

Di algunos pasos y la cabeza giró en dirección mía, como siguiendo mis movimientos; me moví un poco más y ella también lo hice nuevamente. Ingenuamente y sin percatarme de lo aterrado que estaba, acerqué mi rostro al de la pared como intentando ver alguna señal de vida en él. En el momento que acerqué mi rostro aproximadamente a un palmo, la cabeza cobró vida, abrió los ojos y el resto de su cuerpo emergió de la pared. Se trataba de un tipo completamente anaranjado, sin ropas, muy alto y fornido. Se interpuso entre la puerta y mi camino. Al verlo frente a mí me causó la misma sensación que aquel anciano de la fiesta, sabía que me encuentraba en serios problemas y además frente a una inevitable batalla.

Con mis escasos conocimientos de Muay Thai puse mi guardia y me dispuse a pelear. Hice uso de mis mejores y más potentes golpes, pero el individuo sólo esbozó una sonrisa que llena mi corazón de terror. En ese momento supe que estaba perdido ante un oponente invencible. Aun así no me detuve, aumenté la fuerza y velocidad de mis ataques, los cuales fueron repelidos con un único movimiento de su mano derecha. El dorso de su mano golpeó suavemente mi frente, pero me causaba una sensación de dolor en todo el cuerpo, tanto que no pude moverme. Me atacó tantas veces como lo hice yo a él. Sentí cómo mi cuerpo fue recorrido por el dolor una y otra vez, concentrándose mas en mi fosa renal izquierda. Me encontraba tirado en el suelo, indefenso. Durante la golpiza que estuve recibiendo pensé en el viejo truco de hacerse el muerto, parece que se lo cree y en ese momento arremetí contra él nuevamente directo a la cabeza, pero no le hice ningún daño. Los sentimientos de impotencia, odio y terror me invadieron. Quedé en el suelo arrinconado contra la pared, cubriéndome el rostro con las manos y en posición fetal, siendo víctima del dolor físico más grande que habia sentido en mi vida. De pronto desperté en la misma posición que en el sueño, sólo que sobre mi cama y el dolor desapareció.

De la colección "Pago en especie"
De la colección "Pago en especie"

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Las enseñanzas del mal

2 comentarios en “Las enseñanzas del mal

  1. Zen dijo:

    Hay una frase de Lord Byron (seudónimo de George Gordonque) perfecta para la ocasión “Los oídos no pueden escuchar ni la lengua puede escribir las torturas de ese infierno interior.”
    Que terrible sueño!!! Gracias por compartirlo.
    Besos

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