El dibujo

Tengo la sensación de que alguien me mueve de forma enérgica. La sensación va incrementándose rápidamente: pronto una voz femenina comienza a llamarme. Por unos segundos no sé qué sucede pero pronto me doy cuenta que alguien trata de despertarme. Una vez que puedo abrir los ojos y recuperar la conciencia volteo y veo un rostro conocido, —¿qué pasa, amor?— digo aún con voz adormitada. —Tenías una pesadilla y por eso te desperté— me contesta angustiada. Por la expresión de su rostro puedo intuir que mientras dormía hacía algún tipo de ruido extraño o me movía.

Pronto recuerdo. Es verdad, soñaba y soñaba con el sujeto con el que tuve un enfrentamiento en una ensoñación anterior (Las enseñanzas del mal), aquel tipo de color naranja y con un clavel de papel en la frente. Trato de indagar dentro de mi memoria qué otros elementos había en el sueño. Mi intrigada acompañante me insiste en tratar de recordar más elementos del sueño. Ahora son más claros, el rostro de una mujer viene a mi cabeza, tan pronto expreso mi recuerdo me alcanza un trozo de papel y un lápiz y me invita a dibujarlo: no parece tan mala idea, además ¿qué podría pasar?

A pesar de que sé que mi habilidad para dibujar es muy limitada, empiezo a plasmar los primeros trazos en el papel, pronto tengo ya la mayor parte del rostro terminado a excepción de los ojos; volteo a mi izquierda y la mirada de mi compañera me dice que continúe, así lo hago y comienzo a dibujar perfectamente unos ojos cerrados. Creo que tengo temor de verlos, o aún peor, que me vean ellos a mí, por eso los prefiero cerrados. Una vez terminado el bosquejo del rostro, mi mano empuña el lápiz y yace sobre el trozo de papel, dirijo mi mirada a mi acompañante y le hago saber que está terminado. En ese instante un dolor intenso se irradia desde mi mano hacia el resto de mi cuerpo, recorriendo hasta el último rincón de mi organismo. El dolor me es muy familiar: sí, ya lo sé, es el dolor que me provocaban los golpes de aquel sujeto contra el que me enfrenté hace tiempo. Volteo rápidamente tratando de ver el lugar donde se originaba el dolor y lo que puedo ver es que mi mano descansa sobre el papel, y a un lado de ella hay un rostro, que en cuanto siente mi mirada, abre los ojos para encontrarse con los míos. La mirada es fría y penetrante, como la de un cazador; me hiela la sangre, pero este miedo que ahora siento pronto habrá de convertirse en terror cuando, de aquel dibujo que ahora me observa, comienza a emerger poco a poco la cabeza de un individuo. No tengo la necesidad de adivinar de quién se trata; aún no veo sus ojos pero es de ese color tan familiar para mí: y en la frente un tulipan. El terror es tal que incluso el dolor cae en el olvido. El demonio ha regresado.

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Un comentario en “El dibujo

  1. Zen dijo:

    Recuerdo ese sueño transformado en pesadilla.
    Recuerdo tus peleas con los tipos naranjas.
    Volverías a pelear?

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