Las rampas

Estoy parado en el patio común de una escuela. Éste es circular, en el centro presenta una jardinera a ras de suelo y en su pasto hay espirales marcados. Por momentos parecen moverse y este movimiento es ligeramente adormecedor. Alrededor del patio hay más pasto y justo frente a mí está el edificio de la escuela. En la entrada se encuentra parado un profesor que me recuerda a un gran médico que conocí en un hospital. Esto me hace recordar que estoy esperando el resultado de una prueba. Corro rápidamente con el profesor para saber si he sido aceptado y al llegar frente a él, sin decir nada, extiende el brazo invitándome a pasar al edificio, en el cual sólo gente con ciertas características especiales puede ingresar.

Al entrar noto que la puerta es muy angosta y un poco más alta de lo normal. Una vez dentro veo con asombro que el interior del edificio carece de escaleras, a pesar de tener varios niveles de altura. También noto que todo el primer nivel se encuentra invadido por estructuras triangulares que hacen las veces de rampas y al mismo tiempo de un laberinto. Algunas rampas te regresan al mismo lugar, otras al tomarlas sólo te llevan a niveles inferiores y en consecuencia dudo un poco al decidir la rampa que debo tomar. Pronto advierto al profesor parado a un lado de una rampa y no dudo en pedirle consejo, él contesta que ésa es su rampa y que debo buscar la propia para seguir avanzando. Sin pensarlo y guiado sólo por la intuición tomo una rampa: es angosta y muy inclinada. La cuesta es difícil ya que además de sus características anteriores es muy resbalosa y no hay dónde asirse.

Después de mucho esfuerzo lo consigo. Llego al segundo piso del edificio; ahí sólo hay una pequeña habitación en penumbras y apenas alcanzo a darme cuenta que en las paredes hay marcas, como signos hechos con fuego y en el piso, sentados en círculo, se encuentran el profesor y seis discípulos más. Esto me alegra y pienso —ahora somos siete—. Excelente número para un buen grupo, pero al intentar incorporarme el profesor, con voz firme pero gentil, me dice que éste no es mi sitio y que debo seguir hasta el siguiente nivel. Nuevamente con su brazo derecho me indica el camino. Paso a un lado de los discípulos, que en ningún momento me voltearon a ver. Las dudas de qué camino elegir ahora se borran. Sólo hay una rampa pero esta vez parece que el camino es mucho más difícil. Sin dudas, y lo más importante, sin miedo doy el primer paso para subir al siguiente nivel.

Anuncios
Las rampas

Un comentario en “Las rampas

Los comentarios están cerrados.