Nadando en algo parecido a un cenote

El autobús rentado especialmente para la ocasión avanzaba en la noche. Las únicas luces en el camino rural eran los faros del vehículo, estrellas y una luna ilocalizable. Después más luces vinieron a nuestro encuentro: las del conjunto de campamentos que nos aguardaban junto a algunas fogatas.

El entusiasmo dentro del autobús podía sentirse, sobre todo porque el mío también alimentaba la emoción general de los demás viajeros. Por las ventanas podía verse la escasa infraestructura: algunos lotes de estacionamientos, bodeguitas y un árbol de navidad sintético de unos cinco metros de alto. Nos detuvimos y bajamos del automóvil. Supongo que fuimos directamente a algunas tiendas de campaña a dormir, porque no recuerdo nada sino, hasta tiempo después, un sol poderoso y un azul inverosímil en un cuerpo de agua a mis pies.

Unos pequeños islotes en forma de nariz interrumpían la continuidad del color de las aguas. Esas rocas eran de un color pálido y algunas estaban ocupadas por bañistas que miraban a otros o contemplaban el hechizo azul de agua.

Yo no perdí el tiempo y me quedé en paños menores. Me sumergí. El espectáculo de la profundidad de ese cuerpo de agua era inescrutable. Toda una arquitectura de rocas sobresalía dentro del abismo. Rápidamente me uní a algunos nadadores que también disfrutaban del contacto con el elemento: eran viejos compañeros de escuela. Uno de ellos me dijo:

-Los mayas venían aquí a rezar. Hay algunos nichos muy por debajo del agua, ahí dejaron ofrendas y se estaban cuanto pudieran: así se acercaban a la divinidad.

Traté de mirar los nichos de los que me hablaba y los distinguí muy lejanos. Supe que por más que me esforzara no podría alcanzar los más próximos. Comprendí que la fuerza corporal de los prehispánicos estaba fuera de mi alcance, aunque me sentí privilegiado por nadar en esas aguas. Sentí con fuerza el espíritu del lugar.

Al nadar mis collares rojos se cristalizaban por efecto del agua diáfana.

No podía estar en un mejor lugar.

Anuncios
Nadando en algo parecido a un cenote

5 comentarios en “Nadando en algo parecido a un cenote

    1. Buen Gustavo:
      Gracias por la visita y por el aporte tan luminoso. Si partimos de la lógica Batailleana, una lógica erótica desde luego, la disolución en un cuerpo de agua tan grande como un cenote tiene unas resonancias sexuales profundas: la disolución completa del sujeto se alcanza a través del rapto místico (descrito con frecuencia como un acto fundamentalmente sensual) o por medio de una relación sexual (específicamente el orgasmo).
      Claro, tienes razón: la virginidad teme al sexo.

Los comentarios están cerrados.