Otra pinche guerra

La carretera a lo lejos se enterraba en el paisaje como una hipodérmica. Había árboles y pastizales, y la cinta asfáltica gris. Nunca supe si viajaba a pie o en algún motor.

A mis lados el horizonte mostró dos batallones de ejércitos contrarios; yo estaba en medio del fuego cruzado. Sin tardanzas las trincheras aparecieron y el cielo se tiñó de pólvora.

El sonido de las metrallas era terrible. Una muchedumbre verde militar se movía nerviosa, como cucarachas al encender el foco de la cocina. Sin premeditarlo me había inclinado a un bando, no supe cuál pero de entre ese maldito caos de armas y hombres queriendo matar hombres vi la cabecita infantil de uno de mis sobrinos sobresalir de una trinchera. Las balas acariciaban su cabello desordenado.

Corrí tan rápido como el sueño lo permitió y me acosté sobre el borde de la trinchera, enroscándome alrededor de su cabecita, esperando que mi espina sirviera de escudo, quizá deseando que la carretera fuera aquélla que había perforado el horizonte con tanta naturalidad.

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Un comentario en “Otra pinche guerra

  1. Beatriz dijo:

    “La bella apariencia de los mundos oníricos, en cuya producción cada hombre es artista completo…y Schopenhauer llega a decir que el sigono distintivo de la aptitud filosófica es ese don gracias al cual los seres humanos y todas las cosas se nos presentan a veces como meros fantasmas o imágenes oníricas.” (Nietzsche,2000a:42-43)

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