Sobre la redacción de los sueños

Algunas veces cuando despierto y tengo cercano el recuerdo de un sueño, aún en la cama, todavía con los ojos cerrados, comienzo a redactarlo mentalmente. Hoy soñé con un coche descompuesto, un mecánico y una prima que quería que la llevara en el auto rojo. El hombre que trataba de componerlo me comunicó la causa del problema y me lo explicó de tal forma que me hizo sentir culpable de que el aparato no andara.

Las emociones, colores y lugares los tengo, incluso ahora, muy claros. Podría redactar el sueño de hoy como lo he venido haciendo, pero hoy no me interesa contar un sueño sino hablar de la imposibilidad de semejante tarea. Quizá por miedo o por negación inconsciente, no había formulado la siguiente premisa con claridad: cuestionarse con seriedad si la obsesión de transcribir un hecho de la realidad (que puede ser onírica) puede llevarse a cabo.

Al redactar el sueño del coche descompuesto vi exactamente cómo al elegir palabras para la descripción, las imágenes iban transformándose del original al «textual»; las acciones y visiones primigenias se perdían irremediablemente ante la traducción. Este «descubrimiento» probablemente se encuentre involucrado con la intención de narrar con fidelidad mis sueños. Al hallar este inconveniente me encuentro con un obstáculo insalvable. Mis posts podrían ser como fotografías borrosas de algo real, tangible. Probablemente al poner todas las imágenes juntas pueda recrearse un panorama aproximado a la realidad.

La estructura literaria, es decir de palabras, que impongo («imponer» puede ser un término muy fuerte, aunque en este momento siento que es el verbo adecuado) a la experiencia soñada es determinante para el producto final, o sea un post. Al hacerme consciente de esta circunstancia, aún en la cama con el sueño recién redactado en la mente, pensé que cometía algún tipo de traición o que producía sueños adulterados. Tiempo después de haber salido de la duermevela caí en cuenta de que esto no era necesariamente así. En este caso, por ejemplo, al moldear el material onírico me encontraba aún en la duermevela, todavía en el territorio de las ondas α; la modificación ocurrió dentro del «horno» y supongo que bajo el influjo de una lógica inconsciente, la que me interesa compartir aquí.

Desde luego que a la redacción en el aire, en la cabeza, se aplican principios racionales, digamos que contrarios al sueño. Esto quizá sea contradictorio, nocivo para la transmisión de la experiencia, sin embargo no hay otra manera de compartirlo más que a través de la palabra, de mis palabras.

Anuncios
Sobre la redacción de los sueños

7 comentarios en “Sobre la redacción de los sueños

  1. Zen dijo:

    Es similar a tratar de adaptar un libro a una película, es imposible que sea exactamente igual, lo importante es la idea sustancial…
    Un abrazo

  2. Zen y Karla, ustedes como yo también han dado con esa sensación que me movió a escribir este post. La imposibilidad de transmitir cabalmente lo que se sueña, me parece, es general. Siempre habrá algo que no se pueda contar o escribir apesar de que se recuerde claramente. Si bien la práctica puede ayudar de vez en cuando, son pocos los casos de satisfacción.
    Creo que la manera en que esos detalles oscuros o instrasferibles pueden desahogarse es a través de la descripción y en la mayor parte de las veces, al menos en mi situación, es a través de la figura retórica, de la comparación metafórica, de tratar de acercar lo más preciso posible a quien escucha o lee: hacer uso de todo el repertorio léxico del que se es dueño.

  3. no sòlo pasa con los sueños… sino con los recuerdos… como que al querer textualizarlos, en automático pierden cirtas… mmm… caracterìsticas… justo como dices: “las imágenes iban transformándose del original al «textual»”…

    A veces también me despierto queriendo escribir lo que sueño, pero ni siquiera me levanto de la cama cuando las imágenes antes claras comienzan a volverse una serie de dibujos borrosos.

    Saluditos!!

    1. Athewa: Claro, claro! Siempre hay una pérdida en el transcurso del sueño al papel (o al relato oral), pero creo que vale la pena hacer el intento de explcarle a alguien más qué pasó en la noche en lugar de simplemente quedártelo, no crees? Qué opinas?
      Saludos. n___n

  4. athewa dijo:

    Alguna vez he tratado de hacer un “cuaderno de sueños“ y literalmente poner en papel todos los sueños que voy teniendo.
    No se si te pasa, pero por temporadas uno parece no soñar mucho y de repente vienen sueños extrañísimos uno tras otro.

    Pero bueno, respondiendo más exactamente tu pregunta (y aunque corro el riesgo de parecer una psicóloga loca o una esotérica) te diré que sí tiendo a escribir de vez en cuando mis sueños. No todos, sólo aquellos que me han causado cierta impresión.

    Cuando pasa el tiempo es interesante volver a leerlos… e incluso algunas veces han reultado premonitorios en algunas cosas, o ya viéndolo con cierta distancia uno descubre ciertas cosas de uno que no sabía… y así.

    En conclusión: sí, definitivamente escribir lo que soñamos -o intentar hacerlo- vale muchísimo la pena… sobre todo por las sorpresas que te puedes llevar haciéndolo mientras estás tratando de recordar.

    1. El tema del “cuaderno de sueños”, como te darás cuenta, representa para mí alguna importancia; y aunque no tengo un cuaderno sólo para sueños, los que no son publicables (o que siento que no podrían interesar a la gente que frecuenta este sitio) los redacto en otros lados. Sí, tengo una libreta y apunto de todo ahí (sueños incluidos). Cuando no tengo mis cosas a la mano pongo la grabadora de voz de mi celular y funciona muy bien. El caso es que constantemente le presto atención a lo soñado. La verdad sea dicha, no te voy a decir que cada mañana, como soldado, escribo sobre este tema: imposible. Y como tú ya te has dado cuenta, mientras más presente tengas lo soñado, más interesante se vuelve y con más frecuencia aparecen cosas apreciables. Yo he tomado, por ejemplo, ideas para escribir cuentos enteros a partir de un sueño.
      Yo creo que estar pendiente del otro mundo necesariamente nos orilla a la esoteria y a la introspección. Ahora, que estemos medio locos podría ser otra cosa, pero no lo es: prueba de ello es que, al menos a mí, me apasiona lo que sueño.

Los comentarios están cerrados.