El juego

Recuerdo una mesa iluminada tímidamente por un lámpara cónica. Era una mesa de juego sobre la que había unas piezas verdes, amarillas y blancas que nunca había visto; la primera impresión que tuve de ellas fue que eran chicles de cuatro pastillas en un empaque de celofán. Una mano femenina llegó hasta el centro y tomó las verdes con un actitud de hastío, como si tuviera que jugar sólo para demostrar que no había nadie ahí que pudiera derrotarla. En ese momento supe que era un duelo de apuestas y que yo era el bien que se disputaba. La chica de las fichas verdes se recargó en el respaldo de su silla y casi se la tragó la oscuridad. Lo único visible era la mesa y una circunferencia muy limitada. El resto no sé si era un cuarto, una explanada, un desierto.

Había otras jugadoras, pero ni siquiera me fue posible verlas o percibirlas de otra forma más que reconociendo apenas su existencia. La victoria vino como se esperaba: súbita e incontrovertible. Después había un coche que tal vez me llevaba. Mucho movimiento.

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El juego

2 comentarios en “El juego

  1. Karla dijo:

    Robertini! por fin pude leerte, y bueno, tengo la piel chinita. Qué descripción tan delicada! Y felicidades por recordar tan específicamente lo que señas, yo sólo recuerdo cosas concretas y tiempo después. Saludos!

    1. Querida Karla, qué bueno que hayas podido llegar, y qué bueno que te guste lo que posteo! Fíjate que mientras más atención pones a lo que sueñas, más específico y constante se vuelve el recuerdo. A veces es justamente al despertar, pero otras a lo largo del día siempre hay una idea, algo visto o una sola palabra que te remite directamente al recuerdo de tus sueños; otras, incluso, ocurre días después de haber tenido el sueño. Tú pon antención a lo que sueñas, cuéntalo, escríbelo o grábalo y verás que recuerdas más.
      Bienvenida! n___n

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