Los OVNIs del 8 de junio de 2011

Como si estuviéramos frente a una pantalla, desfilaban ante nosotros los diversos escenarios de una excursión en ámbitos naturales, casi salvajes. Creo que había algunos marinos, otros selváticos pero nos adentrábamos en un bosque color de otoño con un río helado y una cabaña en la que seguro nos resguardaríamos. Dimos un primer paso y la puerta de madera ya estaba muy cerca, no más de treinta segundos a pie; de pronto, la amenaza tan vieja, tan conocida hizo presencia: un enjambre de OVNIs apareció en el cielo con plenas intenciones de abducción. El pánico descendió sobre nosotros como un sereno pero de manera tan súbita que corrimos hacia la cabaña. Cuando la mayor parte de los excursionistas ya estaba dentro, vi en el umbral de la puerta el cabello rubio de la chica que más me interesaba que entrara a resguardo. Fue al seguir sus pasos que caí en cuenta de algo: los OVNIs más que una amenaza, eran un simulacro. Cogí uno con la mano mientras viajaba en el aire. No era más grande que dos metros; al tocarlo recordaba a ese metal que no se sabe si es plástico o viceversa. Era fresco al tacto y ningún tripulante pareció encararme. Sospecho que algún engrane, hechizo, conjuro, maldición o tara decayó dentro de mí. Estoy a la espera de nuevas noticias.

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