Las estatuas

Había estatuas de formas parecidas al hombre pero mucho más grandes y de alguna forma recordaban a los atlantes de los toltecas. Una de las estatuas se había impuesto como líder de las demás. Eran capaces de pensar, de tener deseo y de moverse. Todas sin excepción eran albas. El que comandaba repetía con insistencia un pensamiento, como si tratara de convencer a los otros de que aquello que pensaba era verdad. «Mi vida tiene el sentido de un juego y por lo tanto en él debe haber muchas piezas que le den ese sentido», era el mantra que ya minaba al resto.

Poco después vi a uno de esos hombres con marcas de brochas que habían sido empapadas con colores muy brillantes, fosforescentes. Alrededor del individuo principal se aglomeraban algunas figuras aún blancas, pero muchas otras ya habían cambiado. Había estatuas quemadas, unas pajizas, otras con penachos, quizá alguna otra relacionada con el agua. El pensamiento había colonizado a otros, como la metástasis.

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Las estatuas

7 comentarios en “Las estatuas

  1. chaui duga dijo:

    El pensamiento y las ideas movilizan hacia lo divino. Los pensamientos lúdicos son peligrosos para quien quiere mantener inerte a su rebaño.

  2. chauiduga dijo:

    Y te hago una pregunta ¿qué tal si la estatua lider eres tú y las otras estatuas tambiénson tú? ¿la quemada, la del penacho, la relacionada con el agua y la pajiza son parte de la que liderea? Y ¿todas en conjunto le dan un sentido lúdico a la vida?

    1. Lo que me apabulla es que la influencia de la líder con las otras implica violencia. La imposición es violencia en este caso. Un método íntimo que violente otros órganos psíquicos íntimos me parece perjudicial. ¿Crees que exagero?

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