Invierno

Volvía por una senda campestre a Alemania. Era invierno y la luz era crepuscular. Entre mucha nieve vi una casa que tenía una iluminación como de candil; la supe cercana, y una pareja de perros —creo que machos— salió a recibirme. Detrás de ellos venía una señora pero no sabría decir quién era. Los animales eran fuertes y enérgicos. Los perros me gustan.

Mis pantalones tenían nieve y el frío era bastante. Quizá la señora me invitó a pasar a esa primera casa; sin embargo, mi camino siguió. Llegué a las puertas de una iglesia gótica con detalles azules y color oro; el hielo también la adornaba. Entré. Dentro la oscuridad casi reinaba, y una sensación de calor me llegó lentamente. Me quedé dormido sobre una plancha esculpida en roca gris; parecía un tálamo o una tumba: quiero decir que no era un lugar adecuado para descansar. Un poco después una monja, la única mujer que habitaba la iglesia, me despertó con mucho tiento y me llevó más adentro del edificio. Vi rosetones con detalles de oro conquistados por el hielo del invierno. La luz era escasa, áurea y estática.

No podría decir en qué momento llegué a la puerta de un tercer hogar. Mis-ojos-verdes me guió. No podíamos entrar, y un trío —tal vez una pareja— de aves parecidas a los patos o a los gansos se dirigió con hostilidad hacia nosotros: querían mordernos. Uno llegó con el pico abierto y lo asestó en mi brazo o en mi pierna; traté de distraerlos con mi abrigo pero otros animales me atacaron: unos Espouns (en alemán). Asemejaban gusanos y tenían dos tenazas como los alacranes; estos habían trepado hasta mi estómago y mordían con fuerza mi piel.

Invierno

Sobre algunos animales recurrentes en el material onírico

El género de la fauna dentro del material onírico es interesante ya que, simbólicamente, representa un estado fijo del ser. Los animales sugieren ideas inmutables, por ejemplo hay que recordar a las distintas casas zodiacales y sus bien conocidas características; la mayor parte de los signos del zodiaco son animales. Así pues algunos otros animales poseen sus significados propios.

La sabiduría popular y el conocimiento de élite tienen alguna opinión sobre el sentido y significado de los símbolos en los sueños. Desde la atalaya elitista de un gran Diccionario de símbolos de Juan Eduardo Cirlot me gustaría referir dos acepciones que se encuentran en esas páginas y que me interesan a propósito de algunos sueños aquí relatados: la araña y el cocodrilo. Los relatos son: La araña jaguar, La arañagrillo y Luz, Pescador barbudo. Cito las acepciones de Juan Eduardo para que se lean junto con los sueños, siempre y cuando al lector le apetezca. Con la simple lectura del significado de estos dos animales bastaría para satisfacer alguna curiosidad.

Araña: En la araña coinciden tres sentidos simbólicos distintos, que se superponen, confunden o disciernen según los casos, dominando uno de ellos. Son el de la capacidad creadora de la araña, al tejer su tela; el de la agresividad; y el de la propia tela, como red espiral dotada de un centro. La araña en su tela es un símbolo del centro del mundo y en ese sentido es considerada en la India como Maya, la eterna tejedora del velo de las ilusiones; la destructividad del insecto no hace sino ratificar ese simbolismo de lo fenoménico. Por esta causa puede decir Schneider que las arañas, destruyendo y construyendo sin cesar, simbolizan la inversión continua a través de la que se mantiene en equilibrio la vida del cosmos; así, pues, el simbolismo de la araña penetra profundamente en la vida humana para significar aquel «sacrificio continuo», mediante el cual el hombre se transforma sin cesar durante su existencia; e incluso la misma muerte se limita a devanar una vida antigua para hilar otra nueva. Se considera la araña como animal lunar, a causa de que la luna (por su carácter pasivo, de luz reflejada; y por sus fases, afirmativa y negativa, creciente y decreciente) corresponde a la esfera de la manifestación fenoménica (y en lo psíquico a la imaginación). Así, la luna, por el hecho de regir todas las formas (en cuanto apariciones y desapariciones), teje todos los destinos, por lo cual aparece en muchos mitos como una inmensa araña.

Cocodrilo: En el significado de este animal se confunden dos aspectos principales y diferentes, que expresan la interacción de dos impresiones elementales sobre el mismo: por su agresividad y poder destructor, el cocodrilo significó, en el sistema jeroglífico egipcio, furia y maldad; por su pertenencia al reino intermedio de la tierra y el agua, al limo y la vegetación, es emblemático de la fecundidad y la fuerza. Según Mertens Stienon tiene un tercer aspecto, derivado de su conexión con el dragón y la serpiente, por el cual constituye un símbolo de la sabiduría. En Egipto se representaba a los difuntos transformándose en cocodrilos de sabiduría. Esta idea está relacionada con el signo zodiacal de Capricornio. Blavatsky identifica los cocodrilos con los Koumara de la India. Prevalece la noción de su agresividad.

El erudito Cirlot nos ofrece posibles vías de interpretación con respecto a las ensoñaciones con animales que en este caso son las arañas y los cocodrilos. Si por ventura al lector se le ocurre algún otro vaso comunicante, una relación distinta a la planteada por mí (la directa) o algún otro comentario o idea, el post está para polemizar y será muy bienvenido cualquier comentario.

Buena noche!

Sobre algunos animales recurrentes en el material onírico

La araña jaguar

Estaba en el pasillo de un departamento sin muebles. Ese corredor estaba sumergido en la oscuridad, pero al alcance de pocos pasos se llegaba a la sala, donde brillaba un incandescente. Las paredes eran de color pajizo muy tenue.

Al salir del pasillo, en la primera pared que pude ver, retozaba una araña tan grande como dos de mis manos abiertas. Era de pelambre oscura y su gran cola llamaba irremediablemente la atención y propagaba repugnancia. Un miedo negro me paralizó y ya no me pude mover. Un par de segundos después, con el rabillo del ojo, vi a mi padre salir del pasillo y dirigirse hacia el insecto. Se detuvo frente a la pared y alargó la mano con el índice extendido hasta esa panza asquerosa. En el momento en que la tocó esa parte del animal comenzó a deshacerse, como quien indaga una fruta podrida y fácilmente quita la cáscara emblandecida.

Lo más superficial de la araña, la capa oscura cubierta de vellosidad, cayó dejando ver una pulpa muy característica debajo. Tenía las manchas de la piel del jaguar y las circunferencias de color más intenso, no eran café profundo o brunas, sino rojo sangre y lo que regularmente es amarillo, en la araña era anaranjado.

El dedo índice siguió destruyendo a la arañajaguar hasta que la mató. El hechizo que me gobernaba también caducó y terminé por despertarme en medio de la madrugada.

La araña jaguar

La arañagrillo

A la orilla de una carretera estuve en una palapa donde se comía una barbacoa. El ambiente familiar, de comunión defectuosa, me fastidió. Me levanté y caminé hacia la carretera con un vaso de cristal en la mano. Tenía sed, pero nada podía beber debajo de la palapa.

Sabía que al lado de carretera a menudo existen tambos con agua potable. Salí a buscarlos. Caminaba justo en el filo de la blanca barra interminable. Los grandes trailers pasaban a mi mano izquierda. Sentía sus poderosas fuerzas en mi espalda.

Con frecuencia me topaba con tambos, pero con agua estancada. Había un claro en donde había algunos jornaleros, que rodeaban a uno de ellos que estaba en el suelo, convalesciente. Escuché que el enfermo había sido picado por una gran araña en la faena. Si no llegaba una ambulancia pronto moriría.

Seguí caminando, y a mi lado apareció una maleza que invadía la carretera. Me enredé, sin querer, en ella. Mientras intentaba liberarme me di cuenta que en mi brazo, enmarañada, había una telaraña. El centro de ella conducía a la atemorizante visión de una araña con dos ojos, verdes, que me contemplaban. Con el vaso traté de apartar la telaraña de mi cuerpo, pero sólo logré mover todos los hilos y excitar a la araña. Comenzó a moverse hacia mí, con todo y su poderosa ponzoña.

Sus ocho patas eran como las del grillo: anchas y con púas. Y su color era esmeralda. Cuando estaba casi sobre mi piel logré aventarla con el vaso. Pero no se daba por vencida y volvió a trepar en los hilos, y cuando estaba lista para inyectar su veneno en mi brazo, desperté agitado.

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La arañagrillo